PRESENTACIÓN


Las universidades se han constituido en un espacio de encuentro y convivencia entre hombres y mujeres capaces de adquirir diversos conocimientos, de cultivar la imaginación y la creación. Al mismo tiempo, las Instituciones de Educación Superior (IES) generan profesionistas que logran influir en todos los espacios donde actúan y se transforman en promotores de avances y cambios sociales, políticos y culturales.
No obstante, paradojalmente, en este magnífico espacio cuyo principio ético es la igualdad, las ideologías de neutralidad de género fomentan en las y los universitarios una identidad agenérica, lo que provoca en las prácticas cotidianas un fortalecimiento de formas de sexismo y misoginia que se normalizan e invisibilizan, pero sobre todo se legitiman. La supremacía adopta entonces actitudes autoritarias, hostiles e intransigentes de hombres (y también de mujeres) que se concretan en formas de manipulación permanente y velada.
A pesar de los avances en el intento de abatir esta situación, las IES no han logrado alcanzar la paridad entre hombres y mujeres. Las desigualdades de género, en muchos casos, definen a la academia, los cuerpos directivos, el sindicato y las organizaciones estudiantiles, en donde se traducen en formas abiertas y sutiles de exclusión, marginación y discriminación sobre las universitarias. Más aún, la eliminación de estas prácticas en las universidades no es prioridad en las políticas educativas, presupuestales y de enseñanza e investigación.


Ante esta situación, es urgente asumir el compromiso de revisar las políticas y las prácticas internas, reorganizar y definir mecanismos que incorporen la perspectiva de género y se instrumenten acciones afirmativas que conduzcan a corto y mediano plazo al establecimiento de condiciones equitativas para mujeres y hombres en las áreas sustantivas de las IES: investigación, docencia, vinculación, extensión y difusión.